
El caracol como alimento va de la par con el origen mismo del hombre, habiéndose encontrado vestigios de conchas de caracoles en cuevas al norte de África.
Los primeros criaderos de caracoles hacen su aparición en la época anterior a Cristo, donde principalmente griegos y romanos mantenían a estos moluscos encerrados en recintos con condiciones especiales de sombra y humedad llamados “cochlearia”, inclusive a Aristóteles se le atribuye la invención de un pinche especialmente diseñado para poder sacar la carne del caracol sin que se rompa con la concha. Posteriormente
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